martes, 6 de noviembre de 2012

El talento (joven) bajo sospecha

Roberto Tamayo





Resulta paradigmático que el momento de mayor éxito a nivel internacional del baloncesto español de formación coincida con una sequía de apuestas por estos neófitos por parte de numerosos clubes. Especialmente clamoroso es el caso del binomio Real Madrid – Barcelona. Su cortoplacismo coartan la valentía de los entrenadores y les impiden depositar y mantener la confianza en un imberbe de la casa. Forman buenos y, en algunos casos, hasta brillantes jugadores pero también son trituradoras de talentos. ¿Cuántos candidatos han tenido que emigrar y ganarse el pan en competiciones FEB por el fichaje del americano/comunitario de turno del que al cabo de un año solo se tiene constancia de sus aptitudes una vez cae el sol?


De los jugadores que se colgaron el bronce este en verano en el Europeo U20 solo Jaime Fernández promedia al menos 10 minutos en la Liga Endesa. Y de los campeones continentales de esta categoría en 2011 cuatro de los 12 chicos se han abierto hueco en la elite. En este proceso de formación influye de forma decisiva la madurez mental de los jóvenes. Sus nombres empiezan a aparecer en los medios y sus faltriqueras engordan. La cantinela de “nuevos cracks” con la que se les cataloga es tan incesante como dañina. Un cóctel cargado de efectos secundarios peligrosos.

Hasta la reciente explosión de Nikola Mirotic, la Casa Blanca acumulaba un periodo excesivamente prolongado sin darle la alternativa a un chaval adiestrado en las categorías inferiores. El Real Madrid no entregaba el carné de la primera plantilla a ningún canterano desde Eduardo Hernández Sonseca en 2001 y Roberto Núñez en 1999. Ha habido incluso algún año, y no muy lejano, en el que el junior madridista no alcanzaba ni la fase final del Campeonato de España, lo que supone un fracaso estrepitoso para un club que dispone de medios infinitos. Uno de los grandes déficits que tiene la entidad merengue es que su filial no compite en ninguna de las dos principales categorías de la FEB. Esto supone un grado de exigencia y dureza inferior para los jugadores, que experimentan un salto demasiado grande cuando suben con el primer equipo.

Efecto contagio



El Barcelona es primo hermano del club madridista en este sentido. El equipo blaugrana está inmerso en un complejo proceso de restructuración. Ha dominado la competición doméstica, con permisos esporádicos de Baskonia y más esporádicos aún del Madrid. Desde que Aíto, oh Aíto, apostara sin fisuras por Gasol y Navarro, los dos patriarcas del basket español, ninguno de los entrenadores culés ha visto en la cantera una solución viable. Ni siquiera Marc Gasol, aristócrata ahora en la NBA, recibió la posibilidad de triunfar. La confianza de Xavi Pascual en Rabaseda es tibia cuando todo indicaba que este año disfrutaría de un rol más protagonista. Abrines asiste a los partidos en butaca VIP a pie de pista y apenas recibe 8 minutos de media. Xavi Rey, principal candidato a sustituir la más que posible vacante de Pau Gasol en el Europeo de 2013 si la lesión en uno de sus hombros no le impide rendir al nivel del curso pasado, se tuvo que buscar las habichuelas en Manresa, Sevilla y ahora Gran Canaria. Ahora bien, el Barcelona ha ejecutado este verano dos movimientos magistrales. El primero fue comprar plaza en LEB Oro; el segundo fue fichar a Mario Hezonja, un alero croata de 17 años llamado a dominar Europa con permiso de la NBA. 

El Estudiantes mantiene su tradición, impuesta en gran medida por sus desventuras económicas, de confiar en los chicos formados en El Ramiro. Pero incluso en este caso hay claro-oscuros. Desde que Granger se abriera paso hace seis temporadas consolidándose como base titular ningún joven ha irrumpido en la primera plantilla con la fuerza necesaria como para desempeñar un rol importante. El efecto contagio no llega hasta Badalona. El Joventut es el paradigma de una apuesta irrenunciable por la cantera. Tras un par de años coqueteando con las catacumbas de la competición, ha compactado una plantilla que juega buen baloncesto y aspira a volver a jugar la Copa del Rey.

Por suerte para los jóvenes talentos hay entrenadores como Aíto, Maldonado, Fisac, Vidorreta, Ponsarnau y Sito Alonso que no piden el DNI para dar la alternativa. En estos tiempos de presupuestos cada vez más ajustados, es el escenario idóneo para apostar por una juventud capacitada que será la que lidere los equipos a medio y largo plazo. 

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