Roberto Tamayo
Resulta paradigmático que el momento de mayor éxito a nivel internacional
del baloncesto español de formación coincida con una sequía de apuestas por estos
neófitos por parte de numerosos clubes. Especialmente clamoroso es el caso del
binomio Real Madrid – Barcelona. Su cortoplacismo coartan la valentía de los
entrenadores y les impiden depositar y mantener la confianza en un imberbe de
la casa. Forman buenos y, en algunos casos, hasta brillantes jugadores pero también
son trituradoras de talentos. ¿Cuántos candidatos han tenido que emigrar y
ganarse el pan en competiciones FEB por el fichaje del americano/comunitario de
turno del que al cabo de un año solo se tiene constancia de sus aptitudes una
vez cae el sol?
De los jugadores que se colgaron el bronce este en verano en el Europeo U20
solo Jaime Fernández promedia al menos 10 minutos en la Liga Endesa. Y de los campeones continentales de esta categoría en 2011 cuatro de los 12 chicos se han abierto hueco en la elite. En
este proceso de formación influye de forma decisiva la madurez mental de los
jóvenes. Sus nombres empiezan a aparecer en los medios y sus faltriqueras
engordan. La cantinela de “nuevos cracks” con la que se les cataloga es tan
incesante como dañina. Un cóctel cargado de efectos secundarios peligrosos.
Hasta la reciente explosión de Nikola Mirotic, la Casa Blanca acumulaba un
periodo excesivamente prolongado sin darle la alternativa a un chaval
adiestrado en las categorías inferiores. El Real Madrid no entregaba el carné
de la primera plantilla a ningún canterano desde Eduardo Hernández Sonseca en
2001 y Roberto Núñez en 1999. Ha habido incluso algún año, y no muy lejano, en
el que el junior madridista no alcanzaba ni la fase final del Campeonato de
España, lo que supone un fracaso estrepitoso para un club que dispone de medios
infinitos. Uno de los grandes déficits que tiene la entidad merengue es que su
filial no compite en ninguna de las dos principales categorías de la FEB. Esto
supone un grado de exigencia y dureza inferior para los jugadores, que experimentan un salto demasiado grande cuando suben con el primer equipo.
Efecto contagio
El Barcelona es primo hermano del club madridista en este sentido. El equipo blaugrana está inmerso en un complejo proceso de restructuración. Ha
dominado la competición doméstica, con permisos esporádicos de Baskonia y más
esporádicos aún del Madrid. Desde que Aíto, oh Aíto, apostara sin fisuras por
Gasol y Navarro, los dos patriarcas del basket español, ninguno de los
entrenadores culés ha visto en la cantera una solución viable. Ni siquiera Marc
Gasol, aristócrata ahora en la NBA, recibió la posibilidad de triunfar. La
confianza de Xavi Pascual en Rabaseda es tibia cuando todo indicaba que este
año disfrutaría de un rol más protagonista. Abrines asiste a los partidos en butaca
VIP a pie de pista y apenas recibe 8 minutos de media. Xavi Rey, principal
candidato a sustituir la más que posible vacante de Pau Gasol en el Europeo de
2013 si la lesión en uno de sus hombros no le impide rendir al nivel del curso
pasado, se tuvo que buscar las habichuelas en Manresa, Sevilla y ahora Gran
Canaria. Ahora bien, el Barcelona ha ejecutado este verano dos movimientos magistrales. El primero fue comprar plaza en LEB Oro; el segundo fue fichar a Mario Hezonja, un alero croata de 17 años llamado a dominar Europa con permiso de la NBA.
El Estudiantes mantiene
su tradición, impuesta en gran medida por sus desventuras económicas, de
confiar en los chicos formados en El Ramiro. Pero incluso en este caso hay
claro-oscuros. Desde que Granger se abriera paso hace seis temporadas
consolidándose como base titular ningún joven ha irrumpido en la primera
plantilla con la fuerza necesaria como para desempeñar un rol importante. El efecto contagio no llega hasta Badalona. El Joventut es el paradigma de una apuesta irrenunciable por la cantera. Tras un par de años coqueteando con las catacumbas de la competición, ha compactado una plantilla que juega buen baloncesto y aspira a volver a jugar la Copa del Rey.
Por suerte para los jóvenes talentos hay entrenadores como Aíto, Maldonado, Fisac, Vidorreta, Ponsarnau y Sito Alonso que no piden el DNI para dar la alternativa. En estos tiempos de presupuestos cada vez más ajustados, es el escenario idóneo para apostar por una juventud capacitada que será la que lidere los equipos a medio y largo plazo.

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