Roberto Tamayo
La retahíla de tópicos que acompañan las declaraciones de los deportistas es tan vasta como el refranero castellano. Uno de ellos, convenientemente desgastado también por los medios de comunicación, es que "lo más difícil no es llegar sino mantenerse". La Liga Endesa disfrutó hace un par de temporadas con la bendita sublevación del Bilbao Basket, un club considerado modesto hasta entonces. Aquella plantilla abofeteó al Madrid en semifinales y terminó segundo en la liga. Ese curso se gestó el efecto Miribilla, un matrimonio perfecto entre jugadores y afición que convertía los partidos en casa en una indigestión aguda para los rivales. Dos años después, la entidad vizcaína continúa siendo alternativa al poder preestablecido.
Apuesta por la veteranía
La operación retoque que ha llevado a cabo la entidad bilbaína no ha sido tan traumática como suele ser habitual. El tan manido período de adaptación está siendo más bien un plácido paseo por la ría de Bilbao a pesar de haber cambiado seis cromos. En la excelente puesta en escena también influye el ahorro de combustible que supone no competir en la Euroliga. Este año disputa la Eurocup, una competición de menor exigencia y atractivo.
Fotis Katsikaris ha confeccionado una plantilla experimentada. Su equipo es el segundo con el cuentakilómetros más trillado de la liga. Y su apuesta le está saliendo más que bien ya que está aposentado en la zona noble con la oportunidad de destronar al Real Madrid el domingo. Esa experiencia ha resultado ser vital para negociar los tanteos ajustados. Cinco de sus seis encuentros se han decidido por menos de siete puntos, y han ganado cuatro de ellos. La dinámica que ha adquirido el club en los últimos dos años es tan positiva que las incorporaciones se han contagiado. Uno de los aciertos más meritorios de la directiva ha sido no equivocar el camino. ¿Cuántas veces hemos visto al mandamás un "nuevo rico" perder la cabeza por un puñado de resultados negativos? En Bilbao se ha tenido la paciencia de mantener al núcleo duro del vestuario y al entrenador que les encumbró a pesar de haber caído en cuartos de final de la Liga Endesa.
Poderío interior y la magia de Raúl López
El eléctrico Aaron Jackson cogió las maletas este verano y emigró en busca del oro a Moscú. Su salida ha multiplicado las prestaciones de Kostas Vasileiadis, que se ha convertido en la referencia ofensiva del equipo. Raúl López se ha soltado la melena en ataque y anota la fluidez de antaño, además de doblar su ración de asistencias por partido.
Si de algo adolecía la plantilla del Bilbao la temporada pasada era la falta de contundencia en la pintura. Esa carencia se ha solventado a lo grande con los fichajes de Lamont Hamilton y Milovan Rakovic. El estadounidense es un depredador infatigable cerca del aro y su figura crece al mismo ritmo que la trayectoria de su equipo. Su pareja de baile, o más bien de batallas, es el pívot serbio, un tipo con aspecto de cortador de sequoias. Los duelos en los entrenamientos de estos dos morlacos no deben tener desperdicio.
En caso de que la competición europea no suponga un desgaste excesivo y el efecto Miribilla siga ardiendo, la candidatura del Bilbao Basket tiene visos de ser una amenaza seria para Barcelona, Baskonia y Madrid.

No hay comentarios:
Publicar un comentario