Roberto Tamayo
Con el ocaso del verano se puso en marcha un nuevo curso baloncestístico en España. Sobre el parqué del universo ACB asoma una alteración de la jerarquía establecida en el último lustro. Y eso se mide no solo en el acordeón de trofeos sino en la repercusión que pueda tener el estilo de un equipo. Hasta febrero de 2012, el espectro de aspirantes a ganar títulos se reducía a tres, Barcelona, Baskonia y Real Madrid, si bien los blancos completaban ese triunvirato más por su rimbombante historia que por su méritos presentes.
Ya en febrero de 2012 se vislumbraba un giro: el Madrid apabulló a su máximo rival en la final de la Copa del Rey. Lo hizo con el ya conocido como 'estilo Laso'. El cuadro merengue volvía a saborear el éxito de esta singular competición 17 años después en casa de su eterno rival. La ACB, en cambio, cayó en manos del Barcelona, cuya experiencia y madurez fueron determinantes en una final trepidante. Pero esta vez, la cúpula madridista no metió la tijera como acostumbraba para armar el enésimo proyecto que mandara a la lona al conjunto culé.
El Madrid perdió aquella final pero avanzó en la consolidación de un bloque talentoso y sediento de títulos. El Barcelona, en cambio, desmanteló su juego interior, gran tesoro durante años, y apostó por un escuadrón de neófitos para apuntalar el perímetro (Rabaseda, Abrines) y la pintura (Todorovic). La plantilla de Laso volvió a demostrar en Zaragoza que su paso hacia el trono nacional no fue un acto esporádico de lucidez. Ganó por primera la Supercopa. Pero más allá de la victoria, el equipo blanco confirmó que con su estilo alegre y pegadizo sí se puede ganar con asiduidad. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que aficionados y jugadores del Madrid se instalaron en una cómoda y peligrosa posición de inferioridad permanente. Decía Messina que la única manera de derrotar al Barcelona era jugando pocas posesiones para que los errores influyeran lo mínimo en su equipo.
Pablo Laso ha conseguido dos títulos en apenas 14 meses en el cargo. Pero ha logrado algo mucho más importante: dotar al equipo de un estilo. Jugadores y entrenador van unidos ahora. Disfrutan y hacen disfrutar a los aficionados del basket, vuelven a llenar el Palacio de los Deportes, y el proyecto tiene una identidad que tiene visos de consolidarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario