martes, 23 de octubre de 2012

Yo, Felipe


Roberto Tamayo


En la comunidad científica, un conjunto de datos agrupados de forma conveniente es la base analítica sobre la que se describen hechos empíricos. Según la RAE, el dato es el antecedente necesario para llegar al conocimiento exacto de algo o para deducir las consecuencias legítimas de un hecho. Esta metodología registra una gran cantidad en el mundo del baloncesto. Existe una corriente “datófila” que fundamenta sus opiniones en las estadísticas. La ecuación es simple: si alguien ha metido muchos puntos ha hecho un partidazo, mientras que el que no presenta una hoja de servicios tangible ha estado discreto. Estos apóstoles de los números disponen de un saco de motivos para encumbrar la temporada de Felipe Reyes. Tercer jugador más valorado del equipo, segundo máximo reboteador, un 59% en tiros de dos, un 89% en tiros libres, su jaqueca años ha …


Puestos a causar polémica, o al menos intentarlo, quiero enfrentar esta corriente con otra más técnica y minuciosa. Pero ni con esas. La campaña de Felipe desecha cualquier conato de enfrentamiento sobre su rendimiento. El capitán blanco amortiza cada segundo en pista con un inicio de curso sobresaliente. En los mentideros del entorno de la Liga Endesa se mascullaba que la temporada 2011/2012 iba a ser un curso en el que Reyes partía como claro secundario en la rotación de Pablo Laso y muchos dudaban de su capacidad para hacerse un hueco entre los "ic". El club blanco apostó por retener a Mirza Begic, dando salida a D´or Fischer, y renovar a Novica Velickovic para regresar a la posición de ala-pívot, su hábitat natural. Ante Tomic y Nikola Mirotic se postulaban como los patriarcas de la pintura merengue. Pero la cantidad industrial de testosterona que aglutina revirtió esa hipotética desventaja hasta reencarnarse en un microondas que incluso acredita una elevada fiabilidad cuando merodea por el perímetro.

Ironman


Con él en pista, el Madrid siempre es productivo. Esa maravillosa estadística que es el +/-, y que sí refleja el impacto de un jugador sobre el resultado, muestra que Felipe es el segundo mejor jugador de la liga en este apartado solo superado por su compañero Llull. Más allá de no ser titular hace unos 16 meses, hecho de importancia menor ya que lo relevante es jugar los minutos calientes, Laso ha recuperado la mejor versión del máximo reboteador en la historia de la casa blanca. La estabilidad que presenta Felipe se debe, en gran medida, a su condición de Ironman. En los últimos 14 meses solo se ha perdido un partido. Desde hace aproximadamente un año incorpora sesiones de natación a su rutina para combatir los dolores de espalda que le han castigado durante años. 

El principal éxito personal de Felipe en este último año ha sido demostrar la madurez necesaria para asumir su cambio de status. Aunque nunca fuese un virtuoso con el balón en las manos, lo que confiere aún más mérito a su oscarizada trayectoria, hubo un tiempo en el que el capitán merengue era la corona y medio escudo del Madrid. Ahora sale desde el banquillo y representa el mejor ejemplo para advenedizos e imberbes. Y ya se sabe que para gestionar el ego de deportistas de alto nivel hay que hacer encaje de bolillos. 


Si algún día le da por la exótica idea de escribir sus memorias, debería dedicar al menos un capítulo a explicar cómo demonios se las ingeniaba para estar siempre en el espacio adecuado en el instante preciso y birlar rebotes a tipos que le daban capones con la barbilla. 


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