viernes, 26 de octubre de 2012

Romanticismo silenciado


Roberto Tamayo


Hace apenas un par de meses aterrizó The Newsroom en la parrilla televisiva española. Una serie dirigida por el oscarizado Aaron Sorkin que aborda una dicotomía que parece sepultada en la profesión periodística: audiencia o calidad. En la temporada más ilusionante del Real Madrid en los últimos años, solo los aficionados que tienen contratado el canal de televisión del club blanco han podido ver a su equipo en los últimos dos partidos Euroliga. En esta época de carreras desesperadas por cuadrar las cuentas del hogar, abonarse a una plataforma de televisión de pago se antoja un gasto innecesario para muchos ciudadanos. Los que pueden se presentan en casa de algún amigo para verlo, mientras que a otros muchos les toca hacer malabares en Internet sin garantía de éxito.

El equipo de Pablo Laso brindó ayer una lección de madurez en la cancha de un club moldeado a golpe de liras turcas para ganar la Euroliga. El Madrid necesitaba reivindicar su candidatura en un escenario de ese calibre y lo consiguió desde la primera posesión. La siesta inicial de la semana pasada en Moscú se intercambió por la habitual alegría con la que se han ganado el respeto y cierta admiración en el panorama baloncestístico. Se presentó Begic como jugador de la primera plantilla, Rudy demostró por qué los blancos aspiran a todo con él, Carroll firmó otra de esas tardes en las que uno no para de echarse las manos a la cabeza con gesto de incredulidad, Sergio Rodríguez sostuvo al equipo en momentos de zozobra con la calma que le proporciona su brutal confianza y Draper confirmó su voracidad para maniatar a los bases rivales. Pero todo eso solo lo vieron unos pocos. 

Cuestión de números


Ya va siendo hora de que los responsables de las cadenas de televisión y aquellos apóstoles de los share justifiquen su no apuesta por el baloncesto comparando las audiencias del basket con las del fútbol. Las comparaciones solo se deben realizar entre iguales, y el fútbol es un fenómeno de masas que gana cualquier envite. Sin embargo, hay deporte más allá del balompié. El baloncesto ha sido el adalid de los deportes de equipo durante el siglo XXI hasta que La Roja explotó en 2008. Existe una notable pasión por el mundo de la canasta en este país. Pero también conviene facilitar su consumo para que a esos fieles también se sumen otros amantes del deporte. 

Resulta lastimoso ojear los programas de mayor audiencia. En España está muy extendida la frase: "Tenemos los políticos que nos merecemos". Se puede extender a la televisión. Unos ven esos programas porque realmente les gustan. Otros, por simple curiosidad. Y todavía existe un tercer grupo que lo hace por el qué dirán. Es curioso que de cuantos más canales disponemos, más ganas tiene uno de devorar un buen libro. 

Sí, demasiado prosaico en una época en la que el romanticismo está más cerca de la guillotina que del altar. Supongo que por eso escribo un blog y no dirijo una cadena de televisión. 

1 comentario:

  1. Espero que el romantico no acabe en la guillotina y se puedan leer analisis tan claros de un partido que como se dice solo los privilegiados pueden disfrutar.

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