Roberto Tamayo
Jano Bifronte pasa por ser un dios de la mitología romana que tenía dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil. Era el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Su leyenda no pasó inadvertida para Albert Camus. El escritor francés le cita en La Caída, donde simboliza la dualidad del personaje entre el pasado y el futuro. El mito de Jano Bifronte recorre los pasillos de la madrileña calle Serrano, 127 desde hace unas semanas. En solo cuatro meses ha pasado de sufrir la desazón de un fracaso a abrazar el placer de coliderar la Liga Endesa y presumir de la mejor defensa del campeonato.
El 5 de mayo se confirmó la consecuencia lógica de una gestión económica-deportiva deficiente. El Estudiantes selló su descenso de categoría. Se abría una etapa de zozobra en torno a uno de los equipos clave para entender la madurez dorada por la que atraviesa el baloncesto español. Pero por cuestiones de azar o de simple justicia deportiva, el club colegial recibió una noticia-regalo balsámica en plena estepa veraniega. Curiosamente, la economía, que le había penalizado durante años, le tendió un puente para retornar a la máxima categoría tras la renuncia del CB Canarias por no poder hacer frente al canon que exige la ACB.
La sensación de alivio y satisfacción que invadió a la familia estudiantil fue el preludio de un periodo frenético y de arduo trabajo. Llamadas, negociaciones, prisas, viajes...Todo ello con una cuenta bancaria con limitación de ceros. Con este panorama sombrío se tomaron dos decisiones fundamentales. La primera fue relevar a Nacho Azofra, uno de los capos de la época más brillante del Estudiantes, como director deportivo para incorporar a Himar Ojeda. Una semana después, el club estudiantil oficializó su apuesta por Txus Vidorreta como comandante en jefe del vestuario. La carrera del bilbaíno le acredita como un fantástico entrenador con talento para multiplicar las prestaciones de clubes y jugadores de segunda fila hasta posicionarlos entre la élite.
La plantilla que han confeccionado recupera las señas de identidad que encumbraron a este equipo durante un porrón de años: Extranjeros determinantes y cantera. Carl English domina el perímetro como lo hacía Chandler Thompson (sí, con características muy diferentes) hace más de una década y se ha convertido en el líder ofensivo del equipo. Otra victoria estudiantil ha sido retener a Tariq Kirksay, un todoterreno comprometido que parece haber mamado la filosofía colegial desde pequeño. Kyle Kuric, un exterior que no ocupa portadas pero que se ha revelado como un excelente complemento en el estilo que ha implantado Vidorreta. Lamond Barnes aporta centímetros, experiencia ACB, forma una dupla solvente con Germán Gabriel y se antoja como el maestro que necesita el nuevo talento del Ramiro, Lucas Nogueira.
Dos de los principales beneficiarios de la llegada de Vidorreta son los bases. El técnico vasco se ha caracterizado por tener directores de juego plenipotenciarios. Javi Salgado y Pedro Llompart alcanzaron su mejor versión tutelados por el actual entrenador estudiantil. En solo tres jornadas ya se vislumbra un presente y futuro esperanzador para Jayson Granger y Jaime Fernández. El uruguayo ha multiplicado su aportación ofensiva a partir de una notable evolución desde el 6,75 y una mejora sustancial en la dirección con una ratio de cuatro asistencias por cada pérdida. Jaime regaló una puesta en escena deslumbrante con 17 puntos y 21 de valoración en 14 minutos. El joven base ha reducido a la mínima expresión su cuota de pérdidas y apunta a disfrutar de un protagonismo del que careció el curso pasado.
Este cóctel express evidencia que hacer un buen trabajo no está reñido con las limitaciones económicas.
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