lunes, 15 de octubre de 2012

Madurez

Roberto Tamayo


El periodo que transcurre desde que talento y juventud abrazan el éxito es tan inexacto que requiere de cantidades industriales de paciencia, una cualidad que no ha caracterizado a los responsables de la sección de baloncesto del Real Madrid durante el siglo XXI. Hasta ahora. El desfile de un batallón de jugadores indignos de formar parte del club blanco ha dado paso a un equipo sólido, vistoso y comprometido con un estilo que ha vuelto a llenar el Palacio de los Deportes. El conjunto de Pablo Laso afronta una nueva y exigente, etapa en su camino hacia una madurez que le devuelva al Olimpo europeo.

Tras discutir la hegemonía blaugrana en el ecosistema Endesa, asume el reto de ser riguroso en su cita con el triunfo tanto en la competición doméstica como en la Euroliga. Esta temporada esta regularidad se antoja aún más severo que años anteriores debido al cambio de horarios en los partidos europeos. La semana pasada se remangó durante 40 minutos de máxima exigencia para mandar a la lona a un renovado Panathinaikos, el club más oscarizado de este siglo, y apenas 40 horas después arrolló al Fuenlabrada en otra exhibición ofensiva y luciendo destellos de poderío defensivo. Esta semana viajará hasta Moscú para luego saltar a Tenerife en solo tres días.

El desgaste que supone este ritmo de viajes y partidos requiere de un fondo de armario variado y solvente como el que ha conformado el Madrid. La única, aunque sistemática, crítica que ha recibido la entidad merengue es la falta de un 5 de peso para frenar a los mastodónticos pivots del panorama continental. Los duelos ante Barcelona y Panathinaikos han evidenciado que es necesario un recluta de esas características para dar el salto definitivo de calidad, si bien ha ganado ambos compromisos.

Laso, verdadero capitán general de este equipo, está manejando esta situación con un cuidado extremo. Excepto Mirotic, cuyo fulgurante inicio de temporada le equipara ya al Rey Midas de plantilla, Rudy Fernández, ningún jugador pasa más de 22 minutos en pista por partido. La puesta en escena del Madrid es tan meteórica como ilusionante con un 6-0 en partidos oficiales y un título en la mochila. En cuatro de esos encuentros ha acribillado los aros rivales con más de 85 puntos en una oda al basket ofensivo. Para mantener esa dinámica de muchas posesiones es de obligado cumplimiento instaurar un sistema de rotaciones que dote de solvencia al grupo e insufle confianza a cada jugador para disponer de sus instantes de protagonismo y mantener un elevado grado de compromiso.



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