Roberto Tamayo
A.M.
Los deportes de equipo se asocian a solidaridad, sacrificio, camaradería, convivencia y competitividad. Pero el mantra que envuelve todo ello es la rivalidad. La grandeza del adversarios es el trampolín que mitifica al campeón. Historia, tradición, orgullo, celos y recelos, ingenio, fobias e ilusiones se citan el domingo a las 19.00 en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Asefa Estudiantes y Real Madrid se visten con sus mejores modelitos para el evento más trascendente de lo que llevamos de curso. Se enfrentan dos conceptos antagónicos en la gestión deportiva, aunque mellizos en el parqué. El envite no decide ningún campeonato pero la victoria es un triunfo moral del que presumir y con el que petardear al vecino durante una semana, en caso de los blancos, o hasta el próximo derbi, si ganan los estudiantiles.
Este 'clásico' goza de un componente novedoso con respecto al último lustro: el Asefa Estudiantes ha embalado las penurias de años pasados y las ha enviado al limbo para recuperar la etiqueta de equipo risueño y peligroso. Aunque los derbis escapan a la lógica de la clasificación, tal y como se ha demostrado en los últimos enfrentamientos, el Asefa Estudiantes ha sido muchas veces preso de su falta confianza y de calidad para mandar a la lona al Madrid. Pero esos aspectos también cohabitan con las penurias en el limbo. Históricamente, el Estudiante ha abrazado con mayor frecuencia la testosterona como baluarte en estos duelos. El domingo tendrá la dosis extra que supone jugar como local con más de 10.000 seguidores activos cantando y gritando. No obstante, este Madrid ha alcanzado la mayoría de edad en cuanto a capacidad de sacrificio y presenta un expediente cum laude con un estilo atractivo y exitoso. Entre tal congestión hormonal deberían rebelarse finos estilistas como English, Gabriel, Rudy, Carroll y Mirotic.
Fondo de armario
La brecha ideológica que separa a dos de los máximos representantes de la austeridad y de la opulencia contrasta con el desparpajo con el que deleitan a sus aficionados. Será un duelo entre los dos mejores ataques de la competición, que también son los dos equipos más valorados. Si los pistoleros de ambas plantillas deciden ponerse de acuerdo, los espectadores tendremos triples de primero, segundo y postre.
Con la hoja de ruta de los dos equipos clara, el choque apunta a muchas posesiones y a una alta anotación. En ese escenario es posible que el fondo de armario del Madrid resulte decisivo. Los cinco titulares del Estudiantes, que sobrepasan ya la treintena, juegan una media de al menos 25 minutos por partido mientras que en el cuadro blanco solo tres jugadores juegan entre 21 y 25 minutos.
En retina quedan momentos históricos como aquel fallo inexplicable de Chandler Thompson solo debajo del aro del fondo norte en el vetusto Raimundo Saporta, los recitales de Alberto Herreros ante sus ex, el partidazo de Carlos Suárez en su debut con el Madrid o la canasta en el último segundo de Alfonso Reyes (excelente persona con la que pudimos convivir un año en Torrelodones) con el sprint más veloz que jamás se le vio en dirección a los vestuarios y su posterior rajada en Canal +.
Real Madrid y Estudiantes son los típicos vecinos que envidian las fiestas el de al lado pero que echarían en falta las tertulias domingueras si el otro se mudara.

Voy a ser breve pero directo:
ResponderEliminarSi los hombres grandes del Madrid hacen un partido notable, ganarán(para mi desgracia)los de blanco. Si por contra pasan desapercibidos...me temo que me estarás aguantando "hasta el próximo derbi"
Saludos cordiales.
Habrá muchos factores pero si el Madrid defiende al nivel de algunos partidos de Euroliga y cierra el rebote, podrá correr como le gusta. Para mí serán más importantes las prestaciones de Gabriel-Barnes (y las del actor secundario Clark) para las aspiraciones del Estu.
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